El núcleo
Plantas
La luz azulada de los monitores era lo único que iluminaba la sección perteneciente a Donatello de la guarida. Eran las 3:14 de la madrugada. Don se frotó los ojos bajo su antifaz púrpura, tomando un sorbo de café que llevaba frío al menos dos horas.
En la pantalla principal, no había planos de armas, ni códigos secretos. Lo que estaba analizando, más bien eran mapas de la ciudad; artículos de periódicos digitales y grabaciones de cámaras de seguridad de la policía que él mismo había "tomado prestadas".
—No tiene sentido... —murmuró la tortuga de morado, tecleando rápidamente para superponer dos mapas.
Siete personas desaparecidas en las últimas tres semanas. La policía asumía que era obra de una nueva banda de traficantes o secuestradores, pero Donatello había encontrado el patrón. Ninguna de las víctimas tenía conexión entre sí, pero los tres últimos puntos de desaparición formaban un triángulo perfecto alrededor del Jardín Botánico del Bronx. Y en las grabaciones de seguridad, justo antes de que las cámaras sufrieran "interferencias", no había sombras de humanos. Había un movimiento rápido, antinatural, como látigos verdes arrastrándose por el asfalto.
—¿Sigues con eso, Don? —La voz ronca de Rafael rompió el silencio. Rafa estaba en el sofá, lanzando una pelota de tenis contra el techo mientras Mikey jugaba con su gato. Al mismo tiempo Leonardo leía un libro, sentado en la sala.
—No es una banda, ni nada similar—insistió Donnie, girando su silla—. Miren esto. En la escena del último secuestro, la policía no encontró huellas de lucha, ni sangre. Encontraron un rastro de savia bioluminiscente y... polen. Polen de una especie de orquídea que se creía extinta desde 1920.
Su hermano de rojo soltó una carcajada, atrayendo las miradas de sus hermanos. —¿Estás diciendo que las plantas están secuestrando gente? ¿Qué pasó, Don? ¿Viste demasiadas películas de ciencia ficción de serie B con Mikey?
—¡Oye! —protestó Miguel Ángel, dejando a su gato para concentrarse en su hermano mayor —. La Noche de los Trífidos es un clásico, Rafa, no hables así de los clásicos. Pero en algo tiene razón, Don. Las plantas no tienen pulgares para abrir las puertas de los coches, ni nada similar.
—No necesitan pulgares si pueden manipular la estructura de las cerraduras con enredaderas prensiles de alta densidad —argumentó el genio algo frustrado, por la falta de visión de sus hermanos—. Hay una inteligencia detrás de esto. Están recolectando material genético. Lo he visto en los análisis de la savia.
Leo suspiró, envainando su katana con un clic suave. Se acercó a la consola de Donnie poniendo su mano en el hombro del mismo. —Don, has estado trabajando en esto durante 48 horas seguidas. Estás cansado. La ciudad está llena de mutantes y rarezas, sí, pero a veces una desaparición es solo un crimen callejero. No te obsesiones con patrones donde no los hay. Te estás volviendo paranoico.
Donatello miró a sus hermanos. Rafa rodaba los ojos, Mikey volvió a atender a su mascota y Leo le daba esa mirada condescendiente de "hermano mayor que sabe lo que es mejor". Ellos no podían verlo, no entendían el patrón o lo peligroso que podía resultar aquello. Estaban demasiado cómodos, así como seguros en su rutina de patrullajes como para investigar algo más, o simplemente las explicaciones que el tenía no eran realmente de interés. Donatello suspiró interiormente. Él no quería discutir. Nunca quería discutir. Solo quería que sus hermanos entendieran que algo estaba mal, que alguien ahí fuera estaba en peligro. Pero ¿cómo explicarles eso sin sonar como un paranoico?
—No estoy paranoico, Leo. Los datos no mienten —afirmó Donatello, poniéndose de pie para tomar su bastón bo.
Por un momento, se quedó quieto. Miró a Leo, luego a Rafa, y finalmente a Mikey, que acariciaba distraídamente al gato. Ninguno lo miraba de vuelta. Ninguno entendía.
Ojalá pudiera hacerles ver lo que yo veo, pensó Donnie con un nudo en la garganta. Ojalá no tuviera que irme solo.
Pero no dijo nada más. Con una última mirada a sus hermanos, se dio la vuelta y se dirigió hacia la salida de las alcantarillas.
Los tres se quedaron en silencio, viendo cómo la figura de púrpura desaparecía por el túnel. El sonido de sus pasos se fue apagando hasta que solo quedó el goteo lejano del agua.
Rafa rompió el silencio primero, sin dejar de mirar hacia la salida —¿Creen que deberíamos ir por él?
Mikey se encogió de hombros, sin dejar de acariciar al gato —Yo creo que regresará pronto. Ya saben cómo es Don cuando se obsesiona con algo.
Leonardo miró la salida pensativo, con el ceño fruncido —Démosle un rato para que se calme. Si tarda más de una hora, salimos a buscarlo. —Hizo una pausa, mirando los mapas que Donnie había dejado en la pantalla—. Aunque no creo que sea una planta devora hombres lo que está afuera... podría ser algo peligroso.
Rafael cruzó los brazos —Si es algo peligroso, ¿por qué lo dejamos ir solo?
—Porque si vamos todos detrás de él diciéndole que estaba equivocado, solo vamos a empeorar las cosas —respondió Leo—. Y si tiene razón... bueno, entonces necesitaremos un plan.
Mikey levantó la vista del gato —¿Y si tiene razón y las plantas lo atrapan a él primero?
Sus hermanos mayores se miraron. —No lo creo —dijeron al mismo tiempo, cruzándose de brazos.
…
Donatello se movía por los alcantarillados con cuidado, siguiendo las coordenadas que había calculado. El rastreador de frecuencias biológicas que llevaba en la mano pitaba suavemente, guiándolo hacia el lugar marcado. Las desapariciones eran en la superficie, pero por alguna razón la señal venía de abajo. El aire nocturno estaba húmedo, cargado con un olor dulce y empalagoso que no era normal para esta época del año. Don frunció el ceño bajo su antifaz. Ese olor... era como flores en descomposición mezcladas con algo metálico.
Tranquilo, se dijo a sí mismo mientras saltaba de un tejado a otro. Eres un ninja. Estás entrenado para enfrentar lo que se te presente, sean mutantes gigantes o guerreros míticos; una planta no debería ser problema.
Pero sus manos sudaban ligeramente al pensar en lo que podía encontrarse ahí. Llegó al ala vieja planta de tratamiento de agua, ahora abandonada y que colindaba en la parte superior con la zona norte del jardín. Las lecturas biológicas eran enormes, mucho más grandes de lo que debería ser posible para cualquier flora conocida.
—Aquí tiene que ser —murmuró, activando unos lentes que llevaba en su maleta de herramientas con la opción de visión nocturna.
Se acercó a una de las paredes laterales, lo que vio hizo que su respiración se cortara.
Era una trampa.
Enredaderas gruesas como troncos de árboles se extendían por todo el interior, formando una red compleja. Colgando de ellas, envueltos en capullos translúcidos hechos de hojas y savia, había... personas. Al menos cinco, quizás seis. Estaban inconscientes o eso parecía con finas raíces conectadas a sus cuerpos, pulsando rítmicamente como si estuvieran... alimentándose de ellos.
Donatello sintió un escalofrío recorrer su caparazón.
Tenía razón. Maldita sea, tenía razón.
Pero no había tiempo para sentirse satisfecho. Esas personas estaban en peligro. Tenía que actuar, tenía que...Pero entonces, el rastreador enmudeció.
No porque se hubiera apagado. Sino porque algo lo había aplastado.
Una enredadera delgada, casi invisible en la oscuridad, había bajado desde el techo y había envuelto su mano. Donnie tiró con fuerza, pero la planta no cedió. Era fuerte. Demasiado fuerte.
De repente, la estructura cobró vida. No era un movimiento al azar del viento. Las plantas se estaban coordinando. Las flores gigantes en las esquinas giraron sus cabezas directamente hacia él.
No eran animales. No eran mutantes irracionales. Donatello podía sentirlo en la forma en que las enredaderas se movían, bloqueando sistemáticamente su única ruta de escape hacia el tejado. Estaban calculando. Estaban pensando.
—Bien... —murmuró Donatello, ajustando su agarre al bastón mientras decenas de zarcillos comenzaban a deslizarse por los cristales hacia él—. Supongo que tendré que hacerlo solo.
Una flor gigante se abrió al frente, revelando no estambres, sino filas de dientes hechos de madera petrificada. Una nube de polen dorado comenzó a envolverlo.
Donnie contuvo la respiración, mientras giraba su bastón, listo para luchar.
…
La primera enredadera se lanzó hacia él como un látigo. Donnie la desvió con un golpe seco de su bo, pero inmediatamente otra salió de su izquierda. Saltó hacia atrás, esquivando ambas, pero el movimiento lo acercó a la nube de polen dorado que flotaba en el aire.
No puedo respirar, pensó, retrocediendo rápidamente. Si inhalo eso, estoy muerto.
Otra enredadera intentó envolver su pierna. Donnie la cortó con un giro preciso de su bastón, pero la planta no sangró. En su lugar, la enredadera se retorció y comenzó a regenerarse, creciendo de nuevo en segundos.
—Maldición... —murmuró entre dientes, sin soltar el aire que contenía.
Más enredaderas salieron de las paredes, el techo, el suelo. Donnie las esquivaba con saltos y giros, usando su bastón para mantenerlas a distancia, pero cada vez que se movía, se acercaba más a la nube de polen. Las plantas lo estaban acorralando, empujándolo hacia la trampa.
Entonces, una de las flores gigantes se inclinó hacia él, como si lo estuviera... observando.
Las enredaderas se lanzaron hacia él de nuevo, pero esta vez con más fuerza, más coordinación. Donnie saltó hacia un lado, rodó por el suelo, y golpeó la enredadera más cercana con toda su fuerza. La planta se retorció, pero no se rompió.
No puedo pelear contra todas ellas, pensó Donnie, retrocediendo hacia la puerta. Necesito salir de aquí.
Pero las enredaderas ya habían bloqueado la salida. Don estaba atrapado.
Intentó girar su bo para crear una abertura, pero tres enredaderas lo envolvieron por los tobillos, derribándolo. Su bastón rodó lejos de su alcance.
—¡No! —gritó, luchando por liberarse, pero las enredaderas eran demasiado fuertes.
Lo levantaron del suelo, sosteniéndolo en el aire. Donatello pateó y forcejeó, pero era inútil. Las plantas eran demasiado numerosas, demasiado coordinadas.
Una flor gigante se acercó a su rostro, abriéndose completamente. El centro de la flor estaba lleno de polen dorado, brillante, hipnótico.
Donnie contuvo la respiración con todas sus fuerzas, cerrando los ojos.
No inhales. No inhales. No inhales.
Pero las enredaderas lo apretaron más fuerte, comprimiendo su cuerpo. Sus pulmones ardían. Necesitaba aire. Necesitaba...
Sus labios se separaron involuntariamente.
El polen dorado entró en sus pulmones como una nube cálida y dulce. Donnie tosió, pero ya era demasiado tarde. El sabor era extraño, como miel mezclada con el aroma de la tierra húmeda, y se extendió rápidamente por todo su cuerpo.
Sus párpados se volvieron pesados. Sus músculos se relajaron contra su voluntad. Las enredaderas lo soltaron lentamente, dejándolo caer al suelo, pero ya no sentía la necesidad de luchar.
¿Qué... qué me está pasando?
Su visión se nubló. Las flores gigantes parecían bailar ante sus ojos, moviéndose en patrones hipnóticos. El sonido de las plantas ya no era un crujido distante, sino una voz suave y antigua que resonaba en su mente.
Relájate. No luches. Es más fácil así.
Donnie intentó pensar, intentar recordar quién era, por qué estaba allí. Pero sus pensamientos se dispersaban como hojas en el viento. Sus rodillas cedieron. Cayó al suelo, pero no sintió el impacto. Todo estaba... bien. Todo estaba tranquilo.
Descansa. Relájate, no pienses en nada, relájate, no te esfuerces, estas bien, estas feliz, estas tranquilo.
Las enredaderas comenzaron a envolverlo suavemente, levantándolo del suelo. La tortuga no opuso resistencia. Sus ojos estaban medio cerrados, su expresión vacía.
Eso es. Déjate llevar, déjate sentir porque eres una buena tortuguita, nuestra tortuguita, y deseas obedecer. ¿Quieres ser nuestra buena tortuguita?, nuestra linda y tierna tortuguita, nuestra, obediente, feliz, tranquila, relajada Tortuguita.
Las plantas lo arrastraron hacia el tallo principal a diferencia de los capullos que usaban para los humanos comunes, mientras era atado por enredaderas al tronco grande e imponente del núcleo, sus brazos fueron jalados hacia atrás mientras comenzaban a desaparecer en el interior de la planta, al igual que sus piernas ahora abiertas, atrapadas en el interior de la vegetación principal, “El núcleo”. Desapareciendo de la vista, pero tan fijas como cualquier rama de árbol.
Deja de pensar, obedece, relájate, se una buena tortuguita, se un buen chico obediente, perfecta, tan buena tortuguita, tan cachonda, tan hipnotizada, tan necesitada, obedece, relájate, se una buena tortuguita, relájate, obedece. Porque quieres convertirte en lo que siempre quisiste ser. Una buena tortuguita obediente, sumisa, lista para aparearse, para recibirnos, para ser cargada y cuidar de nuestras semillas, protegerlas, darlas a luz y volverte aparear cargándote de nuevo, quieres ser nuestro semillero, sin pensar, sin estresarte sin angustiarte, solo obedecer y cumplir, eso quieres, eso deseas, ser una buena tortuguita tan cachonda e hipnotizada.
Las plantas continuaron trabajándolo, hablando en su mente, con su polen hipnótico, invadiendo su cerebro, sus pensamientos, su ser. Donatello quiso moverse, pero le era imposible, su cuerpo se sentía pesado, el aroma continúo invadiéndolo con el toque dulce de antes, las plantas siguieron expulsando el polvo dorado, hermoso, invasivo, adentrándose más en la tortuga capturada, silenciando su mente, grabando sus intenciones.
Tan buena tortuguita, tan sumisa y obediente. Eres una buena tortuguita, te gusta ser una buena tortuguita, tan obediente, tan lista, tu cuerpo es perfecto para llevar dentro nuestra semilla, para hacera germinar y darla a luz, puedes sentir los deseos en tu cuerpo, como se calienta poniéndose cachondo porque quiere ser una buena tortuguita, tan hipnotizada, tan cachonda, una tortuguita hipnotizada y cachonda, obediente, muy obediente, muy hipnotizada, muy cachonda.
—Si quiero ser una buena tortuguita—Susurro Donatello perdido en la necesidad de tener algo en su interior, con el calor recorriendo su cuerpo atrapado.
Si lo deseas, no pienses, no necesitas pensar, solo cumplir, sumérgete más y más, se una tortuguita cachonda e hipnotizada, tan hipnotizada, tan cachonda, más y más.
¿Eres una buena tortuguita hipnotizada?, ¿Te gusta sentirte así cachonda, necesitada?
—Si lo soy, lo hago, me gusta ser una buena tortuguita cachonda e hypnotizada— Repitió el prisionero, relajándose, dejando de pelear, permitiendo que las plantas movieran su cuerpo a voluntad, mientras las enredaderas comenzaban a acariciar sus escamas olivas, recorriendo su cuerpo lentamente, llenándolo de sabia, preparándolo, pues a diferencia de los humanos, el cuerpo de la tortuga estaba diseñada para quedar grávida y desovar, lo que era perfecto para las plantas; quienes se percataron de que con esa criatura esclavizada podrían reproducirse cuanto desearan y llegar lejos, podrían hacer de la tortuga su semillero, apareándose, dejándola grávida, permitiendo que desove en la tierra llevando su semilla a muchos puntos de la ciudad, para volver a cargar, era simplemente perfecta.
Estas vacío, te sientes bien, eres una buena tortuguita, que no puede pensar en nada, más que en obedecer, en esta hipnotizada, en estar cachonda, muy cachonda, muy hipnotizada. Eres nuestro semillero, nuestra tortuguita cachonda, hipnotizada, necesitada, quieres llevar nuestras semillas; porque eres muy cachonda, porque estas muy hipnotizada, porque eres un mero semillero sin cerebro, solo obedecer, cumplir, llenarse. Esa es la función de mi tortuguita cachonda e hipnotizada.
Necesitas ser llenada, lo quieres, lo deseas, porque es tu razón de existir, eres una buena tortuguita, hipnotizada, cachonda, necesitada. Nuestro semillero. Existes sólo para ser cargada y desovar, obediente, cachonda, e hipnotizada.
—Soy una buena tortuguita necesitada, cachonda, hipnotizada— Reafirmo perdiendo de lleno toda la conciencia, las necesidades, el miedo, su yo se estaba reescribiendo, mientras se dejaba llevar en el aroma dulce, del polen, la savia que lo recubría era como un afrodisiaco, refirmando la necesidad de ser llenada, quería aparearse.
Su equipo, armas e incluso su cinta fueron retiradas.
Buena tortuguita, tan cachonda, tan hipnotizada, obediente cachonda, muy hipnotizada, un buen semillero, tan deseoso de cumplir con su deber, tan necesitado.
—Ah, ah, ah, sí un semillero, vacío, soy una buena tortuguita tan hipnotizada, tan vacía, tan cachonda.
No pienses tortuguita, no hay nada tu mente se vacía, solo eres un semillero descerebrado. Tonto, solo una tortuguita cachonda e hipnotizada, porque estas tan profundamente hipnotizada, tan cachonda, mi tortuguita cachonda e hipnotizada.
El líquido preseminal comenzó a producirse en su vulva, porque Donnie era una hembra, como lo era su hermano mayor, pero para la familia, esas nimiedades, no eran importantes o al menos no parecían ser importantes hasta ahora. La necesidad de ser cargado era demasiada, se sentía desesperado, caliente, cachondo, necesitado, sumiso, obediente, hipnotizado.
Muy bien, eres una buena tortuguita, cachonda e hipnotizada, te voy a recompensar por ser tan obediente, te voy a dar mis semillas, las llevaras en tu interior, las encubarás, las expulsaras y sembraras para permitir que seamos más y más, luego volverás con nosotros para ser apareada y rellenada de nuevo, porque esa es la razón de tu existencia, ser nuestro semillero, tan obediente, una buena tortuguita cachonda e hipnotizada, nuestra cama de semillas descerebrada.
—Lo soy, lo soy— Repetía la tortuga perdida en ese estupor sexual, con la mente vacía, incapaz de pensar, de concentrarse, solo escuchar, obedecer, servir, tan cachondo, tan hipnotizado.
Entonces recibe mis semillas mi buena tortuguita, conviértete en nuestro semillero descerebrado; solo quieres aparearte, llenarte de semillas y desovar, para volver a cargarte en cuanto mis semillas desalojen tu cuerpo, porque eres nuestro semillero vacío, listo para aparearse, para ser cargada, para llevarnos, para volver a cargarte, eres solo un semillero sin cerebro, vacío. Una tortuguita cachonda e hipnotizada.
—Si, si, ah, ah, por favor dámela soy una buena tortuguita, quiero aparearme cargarme, soy solo un semillero descerebrado, una tortuguita tan cachonda e hipnotizada— Repitió con necesidad y desesperación.
Entonces el primer tentáculo se dirigió a su boca adentrándose en ella, haciendo que la tortuga casi se ahogara, pero las voces en su mente le decían que lo quería, que era parte de ser su semillero, que cooperara, que se abriera, y abrirse es lo que hizo; permitiendo a la planta adentrarse en su garganta y pulmones, atravesó su esófago, Creando raíces en los órganos internos de la criatura hipnotizada; segregando un líquido que dejo a la tortuga deshuesada, débil, cachonda; muy necesitada. Sus pulmones se adaptaron, recibiendo de lleno el polen absorbiéndolo modificando la mente de la criatura, manipulándola, hipnotizándola, dejándola tan sumida en esa hipnosis que no era capaz de pensar, solo obedecer, servir, estar cachonda e hipnotizada.
Al mismo tiempo otros dos tentáculos se elevaron, el primero gordo y húmedo con un aspecto similar al de un árbol recubierto de savia se adentró en su ano con fuerza, entrando y saliendo una y otra vez sin detenerse; en un ritmo salvaje, fuerte. Las plantas no necesitaban que la tortuga lo disfrutará, ya era suya, su semillero, su tortuga descerebrada, lista para cumplir.
...
Continúa