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Traición

By: Leo0
folder +S through Z › Teenage Mutant Ninja Turtles
Rating: Adult ++
Chapters: 3
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Disclaimer:

Todos los derechos pertenecen a los creadores de los personajes, esta historia es sin fines de lucro. Advertencia, esa historia retrata temas oscuros.

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Traición

La atmósfera en la celda era una mezcla de desinfectante punzante y el peso eléctrico de la desesperación.

Leo estaba al límite; los químicos lo mantenían en un estado de alerta biológica insoportable, una anticipación forzada que su mente luchaba por silenciar. Entonces, la pesada puerta de acero se deslizó con un silbido hidráulico. Valdez entró acompañado de dos ayudantes. Sin mediar palabra, procedieron a posicionar a Leo en el centro de la estancia. Usaron una polea mecánica que elevó sus extremidades, tensando las cadenas hasta dejarlo suspendido en una postura forzada nuevamente. El proceso se repetía cada que cambiaban de semental. Tenía que acostumbrarse al nuevo ritmo de monta.


—El espécimen es apto para el ciclo de monta de hoy. Preparen los dilatadores para Q-04 —ordenó Valdez con una ansiedad mercantilista; su negocio dependía enteramente del éxito de esa "integración".


Rafael fue introducido a continuación. Lo arrojaron al suelo y lo inmovilizaron con una cadena corta anclada al piso, lo suficientemente cerca para que estuviera al alcance, pero lo suficientemente limitada para impedir cualquier movimiento de huida. Mientras los ayudantes ajustaban el arnés de Leo, el mayor luchaba con espasmos de resistencia inútil; su debilidad era total, pero su horror, absoluto. Rafa respiraba de forma errática, sus ojos reflejaban una mezcla de furia desenfrenada y un terror que no podía ocultar. La droga que le habían suministrado antes del traslado le nublaba el juicio, convirtiendo cada sonido en un rugido y cada sombra en una amenaza que su instinto exigía dominar. Las cadenas se tensaron y los cuartos traseros de Leo, sujeto al armatoste, fueron elevados en el aire, forzando su pelvis a quedar a la altura exacta del plastrón de Rafael. El aire se cargó con el aroma químico que emanaba Leo, un olor diseñado para disparar la agresividad reproductiva del macho. Rafael, percibiendo la señal a través de sus sentidos alterados, se tensó, con los músculos en carne viva.


—¡Rafa, no! ¡Tú no! —la voz de Leo salió como un graznido agónico a través del bozal. Pero para Rafael, que apenas lograba sostenerse sobre sus rodillas, aquello no fue una súplica, sino una incitación del sistema. Leo lo miró aterrado. La posición en la que lo habían colocado no dejaba margen a la duda; su cola, fijada con ganchos al caparazón, despejaba el camino hacia su anatomía, y su vulva, a pesar de su terror se veía dilatada como si estuviera esperando el momento en el que macho la penetrara. Sus garras, atadas al suelo, lo mantenían en una vulnerabilidad absoluta, obligándolo a arañar el cemento con una ansiedad que le desgarraba las uñas.


—La hembra está lista para penetración basal; inmovilizada y con el camino libre —sentenció Valdez, observando con desdén cómo el hermano mayor intentaba retorcerse inútilmente para evitar la proximidad.


—Salgan todos. Y en cuanto se cierre la puerta, liberen la cadena del macho —ordenó el Cazador. Los hombres salieron. La puerta se selló con un eco metálico. Leonardo forcejeaba contra las ataduras, sollozando a través del neopreno. No. Esto no. El semental cegado por el cóctel hormonal estaba listo para cogerse a la hembra fértil. Se acercó, recibiendo un gruñido de advertencia que provino de la otra tortuga, pero el macho siguió adelante, ignorándolo; acercándose. Lamio la vulva dilatada varias veces. Leo gimió, entonces el macho finalmente convencido de que esta era una buena presa para criar se posiciono cubriendo levemente parte del caparazón de la tortuga inmovilizada, sacando al fin su gran polla, imponente, gorda. No hubo mayor aviso o advertencia. Rafael se introdujo en la vulva expuesta de golpe. Leonardo gruño por el dolor al sentir la carne gorda de su hermano menor atravesar su agujero con fuerza; no podía expresar lo que pensaba debido al bozal, pero el hecho de que el semental fuese su propio hermano lo estaba destrozando. Rafael comenzó a moverse, pero no con lentitud o cuidado; si no con desesperación y fuerza, entrando y saliendo una y otra vez de su vagina, su cuerpo se abalanzaba hacia adelante, para luego jalar hacia atrás sin parar. Estaba realizando una penetración completa, no había manera de que la hembra se alejará. La tortuga para cría había ofrecido el trasero con docilidad o eso es lo que parecía desde su perspectiva. El macho lo mantuvo agarrado, se montó sobre Leonardo. Lo tomó con sus brazos jalando el trasero escamoso que colgaba hacia él, la tortuga de cría estaba en la mejor posición, el semental se sintió bien, cómodo, feliz.


La tortuga pasiva se dejaba dominar. El miembro carnoso entraba y salía una y otra vez con fuerza sin detenerse; arañando el interior de la hembra con desesperación, las drogas incitaban al semental a marcarla como suya; a dominarla y someterla hasta dejarla grávida con su progenie. Los químicos que lo habían transformado en un semental incansable, le dieron una fuerza impactante para cogerse a Leo; pero también una resistencia fuera de lo común. Leonardo abrió sus ojos mirando hacia el techo, podía sentir en su interior los golpes de la polla gorda que lo atravesaba, arrastrándolo hacia adelante y hacia atrás constantemente. El miembro acariciaba su interior llenándolo una y otra vez, como un tornillo gordo destrozando todo con su rudeza. Leo sentía que lo estaban desgarrando, con la fuerza con la que se agitaba en ese lugar colgado, mientras Rafael lo penetraba sosteniéndolo del caparazón. A pesar de estar preso, la velocidad y fuerza de la agresión lo movía como un columpio improvisado, empeorando el proceso. Leonardo estaba atrapado en el impulso de su hermano, quien lo cogía con salvajismo, mientras era destrozado por el inmenso pene. La tortuga del Sai era enorme. Los gruñidos de dolor escaparon del bozal de su hembra. Era demasiado.


Peor incluso que Slash, pero seguía atado, prisionero de su horror en manos de uno de los seres que más amaba y eso fue lo que termino de romperlo. El miembro masculino seguía entrando por su agujero ahora abierto en todo su esplendor, rellenándolo sin parar. Leo quería llorar, no había manera de soportar tal castigo, trato de moverse a los costados; sin embargo, el macho mordió su cuello para que se quedara quieto y soportará el castigo.


-Eres mío, mío para criar, mío para dominar, quédate quieto y recibe mi polla- Resonó la voz del Semental mientras lo penetraba.


Leonardo lloró sin darse cuenta, el macho se mantuvo firme fijando el pene gordo en su interior; atravesando finalmente su matriz, invadiendo ese sistema reproductor sin consideración, abriendo la punta del pene en flor. Uniéndolos mientras liberaba ese líquido tibio y viscoso que se encargaría de finalizar el proceso de cría. Leo sintió la leche tibia de su hermano recorrer su sistema reproductivo, mientras los pétalos del pene se enlazaban con sus paredes uterinas, permitiendo que el semen avanzara dentro de su figura, llenándolo hasta el límite. Pero su macho no estaba conforme, necesitaba asegurar la cría; por lo que se mantuvo firme sobre él, agarrándolo con fuerza de su caparazón herido, sin permitirle moverse. Con la gran pieza carnosa y gorda atorada dentro. Para el semental, la hembra no tenía permitido moverse hasta acabar la inseminación. Le rodeo con su cuerpo presionándose contra su trasero escamoso; sujetando a la tortuga de abajo para evitar que escapara.


Rafael se irguió sobre su "él", manteniéndolos unidos, siguió llenándolo. Leonardo no podía creer la cantidad de semen que lo invadía, era demasiado y ni siquiera podía abrir la boca para respirar adecuadamente. Pasó un rato, luego hubo un movimiento breve de parte de Rafael, quien los hizo creer que el macho soltaría por fin a su hembra; pero lo único que hizo fue empezar a moverse de nuevo. Penetro otra vez a su hermano mayor, se introdujo en esa vulva húmeda y rebosante de leche sin parar; esta vez no había juegos era solo la necesidad de procrear.


Leonardo se sentía tan lleno, el semental siguió atravesándolo, se movía haciendo uso del vaivén de las poleas para meterse con fuerza en el pasivo fijando la polla en el interior del útero, descargando su leche, luego se mantenía inmóvil con la polla adentro, dejaba asentar la carga en el interior de la criatura, era un movimiento básico para la cría, finalmente volvía a moverse; repitiendo el proceso, descargaba, continuaba dentro, descargaba de nuevo, esperaba que se asentara. Fue así hasta que Leonardo sintió el calambre inferior de su organismo, el que siempre le avisaba que finalmente su cuerpo estaba entrando en proceso de gestación; por consiguiente, estaba grávido. El cazador se sentía feliz, finalmente tendría una camada en perfectas condiciones para vender, tuvieron que separar al macho a la fuerza porque no quería dejar a su tortuga criadora.


Valdez observo al macho que se retorcía de desesperación pensativo, podría darle un obsequio por tan buen trabajo, tal vez podría dejarle a su hembra un poco más. Y dejarlo es lo que hizo. Valdez estaba viendo cómo Leonardo se retorcía, dolido, lleno de semen; atravesado por el gran miembro de su hermano que no dejaba de poseerlo. El semental seguía adentro, se negaba a salir, se movía con fuerza, lo jalaba hacia él como si con esto pudiese llegar más adentro. Leo se revolvió de dolor movía el cuello levantando su cabeza con desesperación, sentía la polla gruesa tocar el final de su útero y empujar levemente para ver si había un más allá, lloraba, gruñía, sufría. Las drogas habían hecho su trabajo, el macho era perfecto. Sin embargo, cuando el semental sintió la reacción de la hembra enfureció debido a la falta de sumisión, volvió a moverse.


Entrando saliendo, entrando saliendo, lastimándolo, entrando saliendo, llenándolo más. La mirada de Leo era la de una criatura desesperada que se sentía a punto de morir. Entonces el cazador pensó que era buena idea que el semental usara el otro agujero, de ese modo dejaría de destrozar la vulva que necesitaban en perfecto estado. Entro al cuarto de cría lentamente, Leonardo lo vio con cansancio claro en su mirada aterrada, inmovilizado por el semental, el hombre con lentitud y práctica ayudó al macho a salir lentamente de la vulva, para alejarlo tapando rápidamente el agujero de cría con un dildo evitando que el macho pudiera entrar nuevamente ahí. Por un segundo Leo sintió paz, entonces Valdez con saña dirigió el pene hacia el ano, el cual estaba seco; pero al semental no le importaba. Entró de golpe, la fuerza igual que al principio, repitiendo el vaivén con su pene gordo, destrozando el trasero de la tortuga sometida. El movimiento de su gigantesca, carnosa y gruesa polla marco un ritmo constante en la penetración. Dentro fuera, dentro fuera, dentro, fuera. Su hembra chilló por el dolor literal, se escuchaba el sonido de acuoso del líquido que entraba y salía con la presión de la polla en el interior, él quería huir aterrado, pero no podía.


Valdez se acercó, tomando el collar de su esclavo sonriendo mientras lo miraba de frente.


-Firme, aguanta; sabes que es tu obligación permitir que tu semental te coja, eres la tortuga de cría. Ese es tu trabajo. - Exclamo observando la mirada destrozada de la tortuga jodida. Leonardo supo entonces que no tenía elección, no importaba lo que hiciera seguiría atrapado bajo el yugo de ese hombre, con el miembro de su hermano brutalizándolo sin control.


Rafael entraba y salía moviendo sus entrañas como si las reacomodara, no le importaba el semen que saltaba fuera del agujero herido y distendido. Leonardo sabía que estaba muy lleno; más de lo que había estado con el otro macho, jamás había tenido tanta carga en su interior y aún le faltaba acabar con el segundo agujero que ahora era perforado sin consideración. Quería gritar, pero no podía, deseaba huir, pero estaba atrapado. el macho se subió aún más arriba sobre su caparazón, cubriendo más de la mitad de su figura, la cual se detallaba oculta bajo la masa que ahora era Rafael, quien aplastó su frente contra el piso golpeándolo con fuerza, necesitaba la cola de la hembra más arriba. La forma se viro con la presión de semental, las piernas de Leo se levantaron debido al efecto de las poleas, el respiro con velocidad ahogándose por el bozal y las acciones de su penetrador. Rafael era demasiado brusco, las drogas le incitaban actuar con desesperación, debía criar a la hembra, debía cogerla hasta asegurar su decendencia; necesitaba dejarla grávida, cargada de una buena nidada de huevos. Sacar todo ese semen y depositarlo en su interior de la pasiva. Los brazos del violador lo envolvieron; sus colmillos se encajaron en su cuello para mantenerlo quieto, sometiéndolo al castigo, una vez que estuvo firme a pesar de lo incomodo de la posición para la tortuga receptora, el macho acelero, moviendo su polla más rápido; hasta que el miembro se adhirió a las paredes de Leonardo. El pene finalmente se abrió, atorándose en la cloaca, llenándole de nuevo.


Valdez sonrió; miró a la tortuga de cría, se acercó con lentitud, el macho gruñó levemente sosteniendo con fuerza a su hembra. Con la polla enterrada en su reproductora, era suya, suya. No se la iba a quitar. De este modo el semental no permitió el movimiento de su criadora, ella debía esperar en posición de marcha hasta que el estuviese seguro de que estaba lo suficientemente cargada.


Valdez habló suavemente observando a las dos tortugas en el piso. -Buen animal- Comenzó mirando a su esclavo original. Leo seguía enfocándolo sin poder moverse, con los brazos de su hermano en su cuerpo abrazándolo; la polla gorda y caliente en su interior, el semen dentro inundándolo hasta el punto en el que su plastrón parezca un globo inflado. Cualquier movimiento le dolía.


- Hmmm - gimió al recibir otro golpe profundo, - ¿Te gusto rudo Leonardo? - Prosiguió hablándole a su cautivo.


-Tu hermano es un semental fantástico, brioso, joven, viril. Leo cerró los ojos con decepción y tristeza.


-Entiendo que te sientas mal, pero sabes que no hay manera de evitarlo, él te sometió, te marco, te hizo suyo, eres su sumiso, su tortuga de cría. Su hembra. En pocas palabras su omega. Ahora es tu trabajo someterte a su voluntad. - Prosiguió. -Se que tuviste problemas con el otro macho, pero no fue tu culpa, no eran compatibles, pero ahora todo va bien. Tu hermano estará cuidado y mientras cumplan dejaré a los otros dos en paz, de hecho, creo que lo dejaré contigo. Tu deber es cooperar como buen criador, déjalo hacer lo que quiera, ya pasaron la línea del incesto. Además, son tortugas ese término no se aplica para ustedes; eso es común en las nidadas de tu especie. Te sometió Leonardo, siempre serás su suyo y eso de tu naturaleza jamás cambiará. Leo no podía contradecirle, él lo sabía, estaba atado, deshecho y jodido. Había sido forzado a una sumisión continua, el semental lo disfrutó. Lo usó una y otra vez, lo penetró sin parar, se lo cogió cuanto quiso, libero sus descargas tantas veces pudo. El mayor juraba que ahora su hermano conocía mejor su interior que él mismo.


Valdez decidió terminar con eso, utilizaron algunos tranquilizantes en el macho, consideró que tal vez se les pasó la mano con los químicos en el semental, pero al final hizo su trabajo antes de caer dormido. Lo alejaron de la otra tortuga encerrándolo en su propia celda. Leonardo parecía muerto, colgado, el cristal revelaba la forma herida, sangrante, cubierta de semen que se agitaba con suavidad como un viejo columpio abandonado.


Lo bajaron con velocidad liberando las ataduras, se lo llevaron al laboratorio donde hicieron una última revisión mientras curaban sus heridas.


Verificaron que estuviera grávido, lo cual dio positivo. Finalmente lo transportaron de a la cámara de gestación; él no se movió, estaba demasiado destrozado como para defenderse. Lo dejaron ahí, atado relleno y traumatizado por la horrible violación por parte de su hermano menor.


...


Los días se arrastraban en una agonía de vigilancia constante. Leonardo yacía en el suelo, el cuerpo entumecido, los músculos temblando por el esfuerzo, mientras escuchaba el tintineo de los instrumentos y las voces clínicas de los hombres revisando la nidada una y otra vez. Estaba perfecta, decían. Valdez, por fin, se sentía satisfecho. Leo cerraba los ojos, sintiendo un vacío físico y emocional en su bajo vientre que le dolía más que cualquier golpe. No eran solo cinco huevos. Eran cinco latidos que su cuerpo había sido forzado a crear. Cinco fragmentos de su propia vida, arrancados antes de tiempo. Aunque no era una nidada numerosa, los cinco se encontraban en condiciones óptimas.


Para los hombres de batas blancas, eran mercancía de primera. Para Leo, eran hijos que nunca podría proteger. Los laboratorios, sin embargo, exigían resultados inmediatos. No les importaba que su cuerpo no estuviera listo, que sus huesos aún no hubieran terminado de calcificar las cáscaras.


Lo indujeron. El desove anticipado no fue un parto natural; fue un desgarro. Leonardo recordaba el dolor con un escalofrío que le recorría la espina dorsal: los espasmos violentos de un cuerpo que expulsaba vida a la fuerza, sangrando y temblando, mientras él mordía el cuero del bozal para no gritar, para no darles la satisfacción de escuchar su quiebre. Tras aquel infierno, la venta se concretó con una rapidez obscena. El dinero, cifras frías parpadeando en una pantalla, cubrió con creces todos los "gastos" previos de Valdez. Para el cazador, era un negocio cerrado, un éxito rotundo. Para Leonardo, era una amputación del alma. Pero el dolor físico y la pérdida de sus crías palidecieron al lado de la tortura psicológica que vino después.


Apenas Leo pudo recuperar el aliento, apenas sus ojos se cerraron buscando el consuelo de la inconsciencia y el recuerdo de su hogar, cuando escuchó el sonido inconfundible de las cadenas en la celda contigua. Raph. Lo estaban moviendo. Lo estaban alejando. El contacto entre ellos estaba estrictamente prohibido. Valdez lo había dejado claro con una frialdad sádica: era demasiado peligroso que volvieran a verse. Demasiado "riesgoso" que el vínculo fraternal, esa chispa de rebeldía y amor que aún sobrevivía en sus ojos, interfiriera con el protocolo de cría.


—¡Raph...! —intentó llamar Leo, pero su voz salió como un raspado seco, ahogada por la debilidad y el bozal. Nadie respondió. Solo el eco de las botas de los guardias arrastrando a su hermano hacia la oscuridad de otro sector. Lo habían arrancado de su lado justo cuando su cuerpo estaba roto, justo cuando su mente estaba al borde del abismo. Lo mantendrían aislado, en la soledad más absoluta, hasta que sus cuerpos fueran forzados a encontrarse de nuevo. Hasta el próximo ciclo. Leo se quedó solo en la penumbra de su celda. El silencio era ensordecedor. Y mientras las lágrimas calientes rodaban por sus escamas, perdiéndose en la almohada estéril.


...


Leo estaba hecho pedazos, una ruina de lo que alguna vez fue, y ahora, con una frialdad gélida, Valdez decidido que era el turno de destrozar a la otra tortuga para proteger su cruel inversión. Aislaron a Rafael, arrancándole de golpe el cóctel químico, la droga y todo ese veneno que lo obligaba a existir como una bestia salvaje. Entonces, el hombre ejecutó su plan. proyectó un video sobre el muro de la celda.


Rafael fue obligado a contemplar, segundo a segundo, el calvario de su hermano mayor; cada golpe creado por él, cada humillación, cada llanto, ruego, gemido, todo causado por su necesidad de cogerlo sin sentido; él lo había penetrado a pesar de sus ruegos, lo torturo, lo follo, lo humillo; le obligo a rogar por una penetración que no deseaba. Lo domino de un modo tan cruel y frío que lo transformó, obligándolo a someterse para ser su hembra criadora, su sumiso, su omega; destrozándolo por dentro y por fuera. Hasta que cada fragmento de su alma fue fracturándose paso a paso ante sus ojos dorados, recordó cuando le grito por haber llorado de dolor al sentirse lleno por lo rudo de la penetración, cuando le rogo con desesperación que se detuviera, cuando se arrastró tratando de escapar y el terror que domino esa mirada chocolate porque no podía más y él no se detuvo, mordiéndolo para que se callara y aceptara la profanación.


Todo esto fue un golpe de gracia emocional, el dolor insoportable de saber que su hermano sufría mientras él, sumido en una demencia inducida, había terminado de acabarlo. -Ahora él es tuyo, su fisiología reptiliana lo obliga a someterse a lo que digas y lo sabes muy en tu interior- Recalco el hombre sonriente al ver el rostro devastado del menor.


- ¡MALDITO!, ¡MALDITO! - grito jalando las cadenas que lo mantenían atado al muro, casi desgarrándose por la presión; pero sin resultado alguno. -No importa lo que digas, o cuanto grites, tú lo hiciste, y ahora deberás enfrentar las consecuencias de esos actos- Finalizo el hombre retirándose para dejar a la tortuga de rojo sumido en su dolor.


...


Continuara...


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